jueves, 13 de febrero de 2020


Cornelius y el holandés al pasar tiempo justos se aferraron a la monotonía de conocerse el uno al otro, pues sabían sus costumbres, doctrinas y distinciones. Según la ponencia del holandés Cornelius tenía  instantes de humor satírico haciendo que sus extravagancias estallaran siempre de gran invención. En medio de tatas charlas Cornelius le escucha decir al holandés que el clima de tan amada ciudad donde se hospedaban (wimfried)  era  un tema puramente personal pues para aquel personaje no existía  el clima frio ni el clima caliente, según su teoría todo era imaginación del ser humano. Para Cornelius era algo muy extraño pues no sabía si tomar estas extravagancias con una risa charlatana o simplemente con total seriedad.

Horas después al momento de cenar Cornelius y el holandés deciden hacer dicha acción en el camarote de su habitación, tanto para  Cornelius como para el holandés en cada una de sus conciencias remachaba la frases (la destreza de la cocina está en el vigor de su alma) seguido de esto el holandés prende tranquilamente un emboquillado  y al frente de ellos dos los acompañaban dos salserillas de café para enardecer la fría moche de wimfried, durante toda la noche intercambian nuevamente datos de su vida pasada de lo que fueron y de lo que no, también de lo que estaban dispuestos hacer para consumar el propósito de salir adelante reiteradamente con sus vidas.


Al concluir con sus historias Cornelius y el holandés deciden ponerse sus cargos para empezar a cumplir lo anterior dicho, pues así fue el gran Cornelius que lo único que podía sostener con sus estudios era una básica primaria pero esto para el holandés no era problema así que quedo   como el contador de dicha labor,  pues a el holandés que para este momento Cornelius sabia ya su verdadera identificación (Maqroll) necesitaba un contador para poder encaminar su proyecto que tenía concordancia con la marina.



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