Cornelius
y el holandés al pasar tiempo justos se aferraron a la monotonía de conocerse
el uno al otro, pues sabían sus costumbres, doctrinas y distinciones. Según la ponencia
del holandés Cornelius tenía instantes
de humor satírico haciendo que sus extravagancias estallaran siempre de gran invención.
En medio de tatas charlas Cornelius le escucha decir al holandés que el clima
de tan amada ciudad donde se hospedaban (wimfried) era un
tema puramente personal pues para aquel personaje no existía el clima frio ni el clima caliente, según su teoría
todo era imaginación del ser humano. Para Cornelius era algo muy extraño pues no
sabía si tomar estas extravagancias con una risa charlatana o simplemente con
total seriedad.
Horas
después al momento de cenar Cornelius y el holandés deciden hacer dicha acción en
el camarote de su habitación, tanto para
Cornelius como para el holandés en cada una de sus conciencias remachaba
la frases (la destreza de la cocina está en el vigor de su alma) seguido de
esto el holandés prende tranquilamente un emboquillado y al frente de ellos dos los acompañaban dos salserillas
de café para enardecer la fría moche de wimfried, durante toda la noche intercambian
nuevamente datos de su vida pasada de lo que fueron y de lo que no, también de
lo que estaban dispuestos hacer para consumar el propósito de salir adelante reiteradamente
con sus vidas.
Al
concluir con sus historias Cornelius y el holandés deciden ponerse sus cargos
para empezar a cumplir lo anterior dicho, pues así fue el gran Cornelius que lo
único que podía sostener con sus estudios era una básica primaria pero esto
para el holandés no era problema así que quedo como el contador de dicha labor, pues a el holandés que para este momento Cornelius
sabia ya su verdadera identificación (Maqroll) necesitaba un contador para
poder encaminar su proyecto que tenía concordancia con la marina.
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